martes, 29 de junio de 2010

Misión Sucre o universidades (III)

Carlos J. Acosta

Una de las cosas que debemos reconocer en cada momento es que cuando escribimos no somos originales y que muy pocas cosas son paridas por nuestro cerebro. Lo que plasmamos en un escrito no es más que una sistematización de palabras que escuchamos, leemos o que surgen de la conversa con compañer@s y amig@s. Por tal motivo, siempre hemos planteado nuestro desacuerdo con la llamada propiedad intelectual, causando resquemor en todos los “intelectuales”, aún en aquellos que se asumen revolucionarios.
Esta sistematización nos permite hacer nuestra, frases como las de la compañera Nela, quien nos escribe desde la neblina londinense: “La escuela, la universidad y la vida no son más que la expresión de lo que ideológicamente construimos y construyen los que manejan el poder. ¿Dónde puede entonces radicar la diferencia entre los conceptos de conocimiento y aprendizaje? Sólo en la búsqueda de un nuevo contexto donde la horizontalidad puede permitirnos un diálogo de saberes, que destierre para siempre el valor de conocimiento = poder”.
Y nosotros, al igual que señala la amiga, también hemos visto: “… compañeras y compañeros que en silencio han ido descubriendo sus fortalezas para luego reforzarlas y convertirse en multiplicadores de reflexión, todo gracias a un facilitador enamorado de lo que hace, o de un maestro que vive la escuela como su propia vida”.
Precisamente por esto hablamos de Otra escuela que se convierta en un foro orgánico de autoorganización popular, donde el pueblo a través del diálogo de saberes encamine su proceso de liberación, asumiendo un compromiso de lucha desde su cotidianidad.
Por supuesto, que esto no puede surgir por generación espontánea. Se hace necesario construir ese facilitador de la emancipación comunitaria que facilite el trabajo de las comunidades.
Ahora bien, ¿Cómo construimos ese facilitador, ese ser que conjugue en si mismo el pensar y el hacer?
Nosotros pensamos que debe ser un intelectual orgánico gramsciano. Un pensador, soñador y constructor de sendas libertarias cuya práctica se inserte en la comunidad a la cual pertenece y que ha decidido asumirse como sujeto político de su propia autodeterminación.
Y cuando hablamos de este Intelectual Orgánico que debe fraguarse dentro de la experiencia de la Misión Sucre, nos referimos a un militante formado y comprometido con el proceso de cambios y transformaciones del país, que privilegie la participación protagónica de las comunidades en el diagnóstico de su problemática y en la ejecución y evaluación de sus proyectos, asumiendo en todo momento su autonomía política.
Para nada necesitamos formar agentes de la reproducción de los lazos sociales dominantes, y mucho menos actores de la reacción. Ahora, es urgente producir auténticos militantes de la transformación social que manejen el pensamiento crítico como compromiso de vida.
Lo contrario, no es más que continuar con esta nueva fábrica de reproductores de orden en que intentan convertir a la UBV.
Si continuamos con la política de aquel filósofo de las calles caraqueñas: “… como vaya viniendo, vamos viendo”, nos llenaremos de licenciados, doctores, profesores, incapaces de imbuirse de desobediencia, rebeldía e insurrección.
Por supuesto que se trata de una acción heroica como diría Mariátegui, y ésta no puede ser una adivinanza, sino que tiene que ser planificada desde la visión de Freire que nadie enseña a nadie y nadie aprende sólo. En otras palabras: elaborar un plan para construir un futuro deseado y no simplemente adivinado, cimentado en el protagonismo popular para la construcción de una sociedad irreverente y libertaria.
No debemos profetizar el futuro, debemos planificarlo en base a una nueva cultura política que se cimente en el protagonismo popular y la acción y educación liberadora
Entonces hablamos de Otra escuela con espíritu robinsoniano generadora de las bases para la construcción del Autogobierno Comunitario. Otra escuela que se encamine a la formación de hombres y mujeres con moral de productores y no con moral de esclavos. Otra escuela para la formación de un “nosotros socialista”, de un “intelectual colectivo”.

martes, 22 de junio de 2010

Misión Sucre o universidades (II)

Carlos J. Acosta

Antes de continuar con el plan de escribir varios artículos sobre el mismo tema, basado en nuestra experiencia como estudiantes primero y como facilitadores después en la Misión Sucre, queremos compartir varios comentarios que nos hacen llegar algún@s compañer@s.
Apunta bien Milton desde Ecuador sobre el carácter revolucionario de la universidad en tiempos de la Ilustración, pero lo cierto es que pensamos que se trata de un formato caduco que ya no da más.
La verdad aunque nace en la palabra, se prueba en los hechos, y los hechos, la realidad mundial es que la universidad ha servido para formar seres individualistas, egoístas, obedientes y subordinados al orden social existente. Y ahí está lo paradójico, porque estos seres en su inmensa mayoría fueron jóvenes llenos de sueños que se acercaron a la universidad ilusionados con un mundo mejor, y a quienes esa misma universidad fue de a poquito cortándole las alas de su imaginación, para convertirlos en calco y copia de sus “profesores”.
Lo otro, que si no fuese por lo trágico para el proceso de transformaciones necesarias, no pasaría de ser anecdótico, es que algún@s compas nos apuntan estar de acuerdo con nuestros comentarios sobre el último acto de graduación de la UBV; la verdad es que no asistimos a ese acto, ni sabíamos que se realizaría, pero claro que conociendo a los personajes involucrados no resulta difícil previsualizar sus actuaciones.
En una oportunidad planteamos en una conversa dentro de la universidad que el presidente se había equivocado cuando nombró una Comisión Técnica para conformar el psuv, descartando a los jefes de batallones y pelotones artífices de su triunfo en 2006. Este comentario nos valió ser denunciado ante una Asamblea de Propulsores, por una de es@s comisari@s que ya empezaban a aparecer dentro del chavismo; decidimos retirarnos de dicha reunión y de la idea de colaborar en la conformación de ese partido, no tanto por la actitud contrarevolucionaria de diosdado cabello, al negarnos el derecho de palabra para defendernos de la acusación, sino por la pasividad y complacencia del auditorio de propulsores quienes con su silencio convalidaron el atropello.
Ahora no sabemos de donde tendremos que retirarnos, pero sostenemos que el presidente cometió un gran error al entregar las instalaciones de Puerto La Mar a la UBV. La lucha contra el consorcio depredador que pretendía instalar un puerto de cruceros atentando contra la pesca margariteña, la dieron casi en solitario los pescadores de Playa Valdez. Ellos resistieron ante las amenazas de sicarios y ante el ofrecimiento de prebendas, llegando hasta los límites de sus fuerzas físicas y recursos económicos. Y es a ellos y a nadie más a quienes corresponde la custodia de ese espacio.
Ah, que la burocracia necesita una institución del Estado para que sea regente de Puerto La Mar, pues bien, ninguna mejor que la Misión Sucre que es la organización que nos convoca a todos: pueblo organizado, estudiantes, facilitadores y coordinadores.
La decisión presidencial ha puesto en manos de un grupito de coodinador@s el control de las instalaciones (para que tengan una idea es como si hablásemos del claustro en la UCV). Otra cosa hubiese ocurrido, si la Misión Sucre bajo la vigilancia y control de los pescadores de Playa Valdez coordinase el uso de esa construcción; no dudamos ni por un momento que para la fecha estarían funcionando allí una o varias radios comunitarias, una televisora del pueblo, el periódico de los estudiantes, el gas comunal; y al mismo tiempo sería sede de las otras misiones educativas y sociales y de los consejos comunales de la zona.
Y es aquí donde observamos la contradicción entre el discurso y la práctica, la inconsecuencia con lo que se pregona a diario, llenando de desesperanza a este pueblo que se atrevió a soñar con un mundo mejor.
La derecha no descansa y se muestra presta a dar un zarpazo que probablemente nos haría retroceder unos 60 años en lo que a conquistas sociales se refiere.
El panita Alí lo dijo con claridad: … mientras más se tarde más difícil es.

viernes, 18 de junio de 2010

Misión Sucre o universidades (I)


Carlos J. Acosta

Este es un dilema que nos viene llamando a la reflexión desde el momento cuando el compañero Chávez habló de construir 80 universidades a lo largo y ancho del país. Evidentemente, nos encontramos ante 2 propuestas, por un lado la propuesta liberal reforzada por toda la tradición de la Revolución Francesa, de crear instituciones de educación superior, como le gusta decir a la otra derecha (la endógena dice educación universitaria); y por la otra la propuesta robinsoniana de educación continua y permanente que no le rinde pleitesía a calificaciones ni títulos.
La derecha, la endógena, habla de nuevos paradigmas y como muestra de ello cambia el birrete por una boina en los actos de graduación, aunque mantiene intacto todo el protocolo de este tipo de actos; la derecha, la otra, sonríe.
Nos señala un amigo que debemos entender la parte de ternura involucrada en estos actos. Sí, tal vez tenga razón y sea bien importante para una mujer o un hombre de nuestro pueblo que sus hij@s o su anciana madre l@s vean con un título, pero pensamos que el problema se presenta cuando se deja que el título tenga más importancia de la que realmente merece.
Cuando por casualidad nos encontramos con todo el entramado que nuestras autoridades universitarias montan con motivo de las graduaciones, vemos reproducida toda la parafernalia de los actos reproductores de la sociedad alienante que nos ha tocado vivir a lo largo de la historia de la humanidad.
Tal vez estemos equivocados en nuestra apreciación, pero cada vez que asistimos a estos actos dentro de nuestras universidades “alternativas”, vemos reflejada la sociedad adeca que se niega a morir.
Y aquí creemos pertinente, si hablamos de revolución, de transformar la sociedad, preguntarnos si debemos mejorar nuestras universidades o simplemente eliminar el concepto de universidad.
¡BLASFEMO!, ¡ANARQUISTA!, grita la derecha, la endógena y la otra, y es que en este punto se presenta una comunión de intereses entre todos los “profesionales”, con el manido argumento que ellos se quemaron las pestañas estudiando, como si hubiesen estudiado con velas.
Y es que aquí la derecha revolucionaria, la endógena por supuesto, entra en contradicción con su discurso de una sociedad sin clases, sin privilegios; como puede lograrse eso, si dividimos la sociedad en profesionales y no profesionales. Nosotros creemos que están en todo su derecho de pensar un país repleto de universidades, pero no lo hagan en nombre de Marx, no le echen esa vaina.
Ustedes pueden agarrarse de las manitos y gritar U U UCV o U U UBV, pero eso no tiene nada que ver con rebeldía, con insumisión, con transformaciones profundas de la sociedad, sino con reproducir en nuestros espacios a la universidad como institución castrante de lo mejor del pensamiento de nuestro pueblo.
Basta sentarse un rato a escuchar las conversaciones de muchos de nuestros estudiantes de derecha, de la otra y de la endógena, para notar que en su forma de expresarse se identifica a seres que ya se consideran superiores al resto del pueblo.
Claro, si no formamos los facilitadores que incentiven el pensamiento crítico, como podemos esperar que estas instituciones no se conviertan en fábricas de mediocres sin sensibilidad social, futuros defensores de las bondades de la academia, quienes no bien obtienen un título se hacen imprimir su tarjeta de doctor fulano o doctora fulana.
Si nos conformamos con ver a los estudiantes como un apoyo para el logro de conquistas electorales, exigiéndoles movilización cada vez que se presenta un evento partidista; y por otro lado, presionamos y desconvocamos sus actividades dirigidas a la organización estudiantil, no podemos esperar una generación revolucionaria e impulsora de la transformación necesaria.